Opinión

OPINIÓN | Miércoles 21.03.2012

Messi es al Barça lo que el fútbol es a Messi

Una costumbre. Lio se está llevando muchas pelotas a casa.
Por Horacio Galiano

hgaliano@teledeportes.com.py

Lionel Messi, a sus 24 años, no está exento a nada. Básicamente es noticia hasta cuando tiene una mala jornada. Trasciende el hemisferio del deporte rey que abrazó desde las mismas entrañas.

Joven y todo vive ya de la fama que posee, pero mientras el físico le dé, _y en esto se deja de lado a la categoría y clase, que no tienen fecha de vencimiento en nadie_ seguirá dando que hablar en el fútbol, por el fútbol que da y pregona.

Acaba de batir otro récord, pero ahora se metió con el más grande. Hablar del FC Barcelona como nombre propio no es moco de pavo.

Y menos si se trata de la marca establecida en lo que se ciñe a máximo goleador de la historia (234 conquistas oficiales), en una institución mundialmente reconocida, ganadora por excelencia, que tiene 112 años de vida y en sus vitrinas, aparte de trofeos locales e internacionales, una colección de hombres y nombres que, cada uno en su época, colaboraron con la entidad _en el sentido particular_ y el fútbol propiamente dicho, en su lado genérico.

No está bien y nunca quedó estéticamente correcto comparar. Por más que la inevitabilidad sea una cuestión ineludible, acaso la única a la que un deportista exquisito y casi perfecto como el 10 del Barcelona no puede vencer.

En realidad el intento por establecer si supera o no a Maradona, Pelé u otros ya no suma. Respeto por cada uno y su tiempo activo y  punto final.

El calificativo es-mejor-que- éste o no-le-alcanza-a-aquel,  supera la existencia profesional del propio Messi,  incluso ya cuando éste se encuentre jugando con sus nietos, en el patio de una de sus mansiones.

Acá lo destacable es que la maravilla se renueva. Cuando tiene que hacer tres hace cinco.  Y el tipo puede caer de lo más bien o de lo peor pero está ahí.

Da la cara, es el primero en aparecer, y encima sobresaliendo sobre el común de los jugadores. Jamás se esconde. Después se le puede buscar la vuelta con lo más fácil, gratuito, fuera de contexto e irrelevante: No, es argentino, no… es enano, no…  tiene voz nasal, no… canta el himno de manera inexpresiva, etc.

Y sin embargo, empieza  cualquier partido y siempre está abierto, preparado para encarar, mirando al frente, pidiendo la pelota, dictando clase.

Para Messi no existe rotación. Es difícil encontrar un fin de semana o lapso determinado en que el descanso le ha tocado, o que por una lesión cualquiera fue reservado. No para. Pide jugar y cuando lo hace se nota la diferencia ya que se divierte, y no siendo un 9, no teniendo la envergadura física de gente que nació en el área, en cada temporada futbolística mete goles de a 50.

El oriundo de Rosario ya se puso a la altura del propio Barcelona. Nombrarle es casi un sinónimo del club. Y cuando al equipo no le van las cosas bien, por empatar o perder, ahí también está Messi para representar la inequívoca referencia; es decir hasta desde el deslucimiento tiene luz propia, por ser un ícono.

Ya es indiferente llamar a las cosas como tales puesto que nombrar a Messi, Barcelona o fútbol es un calco. Da lo mismo. Es lo mismo.

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