Opinión

| Lunes 30.04.2012

Marius Ebbers, un ejemplo de que no todo está perdido

El gol de Marius Ebbers con la mano.
El gol de Marius Ebbers con la mano.
Por Robert Singer

rsinger@teledeportes.com.py

Peligrosamente, el tiempo va pasando. Peligrosamente, los hechos se van sucediendo tanto en al ámbito futbolero como en otros y entonces parece que no queda espacio para ciertas cosas, para analizar ciertos sucesos ocurridos que, increíblemente y como para hacernos reflexionar sobre cómo estamos hoy en día como personas, parecen pasar desapercibidos. Y no deberían pasar así nomás.

Y porque nos parece que no deberían pasar así nomás, porque nos parece que, al contrario, hay sucesos que deberían no solamente ser mencionados sino, mucho más que eso, destacados y resaltados es que hacemos uso de esta columna para hablar de "un tal" Marius Ebbers.

No, no lo culpamos amigo lector. Si es que usted se acaba de preguntar quién es Marius Ebbers no lo culpamos justamente porque los medios de comunicación no se han preocupado por difundir lo que ha hecho este jugador y lo de él no ha pasado de menciones dadas en tono de anécdota, de caso curioso y no como el ejemplo que, así nos parece, debiera ser.

Marius Ebbers es jugador del F.C. Saint Pauli, de la segunda división de Alemania. Su club lucha por ascender de categoría y en un partido ante el F.C. Union Berlin el protagonista de esta columna se lanzó en una desesperada palomita buscando conectar de cabeza un centro que le llegaba desde la derecha. El amigo Marius no llegó al cabezazo pero en el esfuerzo estiró un brazo y con ese brazo convirtió un gol de suma importancia para su equipo que empataba a un gol hasta allí. El árbitro y el línea de ese sector dieron por bueno el gol y he aquí que ocurrió lo inimaginable: Marius se acercó al árbitro y le dijo que el gol había sido con la mano, que no era válido. El árbitro anuló entonces el gol mientras los rivales formaban fila para felicitar y agradecerle personalmente a Marius su gesto. Sus compañeros respetaron su actitud y ninguno lo recriminó. La estadística dice que, quizás en un acto de justicia divina, el equipo de Marius terminó ganando el partido de manera agónica pero, ¿la verdad?, esto sí que es anecdótico.

Lo que importa, amigo lector, lo que nos importa a nosotros al menos, es el ejemplo que deja el gesto de Ebbers, el enorme, el profundo mensaje de honestidad, de decencia, de juego limpio en tiempos en que todo nos quiere hacer creer que lo único que vale es ganar y que para ganar vale todo, incluso la trampa. Lo reiteramos: no era un partido de barrio, no era un amistoso, el equipo de Ebbers se jugaba puntos fundamentales para seguir soñando con el ascenso y en medio de esta tensión, en medio de esa expectativa, de tanta adrenalina resulta que Ebbers se puso el traje de caballero, vistió la ropa de gala de los principios, enarboló la bandera de los ideales y demostró que sí se puede.

Como compartíamos en una columna anterior, cada uno, cada persona, decide en la vida qué es lo le parece mejor y así se maneja en cada acto de su vida. Es probable que para mucha gente este delantero alemán sea un boludo, como mínimo, los más finos dirán que se trata de un lírico. Son los mismos que, en lugar de deleitarse con el gol en que Maradona deja a medio equipo inglés, arquero incluido, en el camino para marcar el gol más lindo de los mundiales festejan más el gol que, en ese mismo partido, metió el mismo Maradona con la mano.

Nosotros nos quedamos con el golazo fantástico, con esa arrancada desde el mediocampo que terminó recién en la red inglesa. Y nos anotamos entre, los -pocos quizás- que aplauden el gesto de un deportista que se negó a hacer trampa. A la hora de defender posturas los ejemplos siempre vienen bien para que no todo quede en la simple retórica y en ese sentido el de Marius Ebbers es un ejemplo de que no todo está perdido.

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La nota con la figura
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