Opinión
Estas no fueron disculpas sino una nueva agresión
El Clausura ya está allí, amigo lector y se viene con todo como, felizmente, ha ocurrido con los torneos anteriores desde hace varios años. Cada campeonato trae consigo su propia expectativa y nosotros nos alineamos en la fila de los que defienden a los dos torneos cortos por año en lugar de uno largo. Es bueno, en nuestra opinión, reavivar las ansias, las ilusiones cada seis meses. Si a clubes que uno sabe que son instituciones que se preparan para pelear por el título como, por ejemplo, Guaraní, Nacional y Libertad no les va bien en el primer torneo del año está bueno que en el segundo semestre salgan a la arena con la furia del toro al que tenían encerrado. Si a ellos se les suma uno de los grandes, en este caso Olimpia, que se quedó muy cerca del título tenemos a un Clausura que de seguro va a dar que hablar, ojalá de la mejor manera posible y cuánto más de fútbol, mejor. Sumémosle un Luqueño que ha hecho importantes contrataciones, no por el número sino por la calidad y muy especialmente en lo que atañe a su línea delantera.
"Wanchope" Ayala, Cristian Ovelar y "Corea" Bogado forman un trío para tener en cuenta y, finalmente, recordemos que en este torneo se define el descenso y allí el círculo cierra y eso de que cada partido es una final puede tomarse al pie de la letra.
El Clausura comienza, además, con una buena noticia. Tres energúmenos, tres barrabravas luqueños, tan detestables como sus pares de otros clubes, han sido, ¡finalmente! sancionados con una suspensión de seis meses. Esta determinación nos permite darle al fiscal Cristian Bernal un voto de confianza y demuestra, por otra parte, que existe el marco legal para sanciones de este tipo y que solamente es cuestión de aplicar la Ley 1866 / 02 para ir eliminando a estas plagas, sin importar la camiseta a la que simulen alentar.
Por otra parte, si bien es bueno saber que estos badulaques no van a entrar a una cancha en ese semestre -ojalá que el control sobre los mismos sea efectivo y se presenten a la comisaría en día de partido, como debe ser- hay, sin embargo, un hecho mucho más grave que trasciende el entorno deportivo y tiene que ver con la acción de estos tipos.
Nos parece que lo que hicieron, y lo que pudieron haber hecho, va mucho más allá de una cabezudeada y esos seis meses sin ir a una cancha es como un chás chás por la colita.
Aquí hubo agresión y no solamente a otros hinchas, lo cual de por sí ya hubiera sido grave, sino que dicha agresión tuvo como víctimas a policías que sencillamente estaban o pasaban por allí. Si tenemos en cuenta la disparidad numérica entre policías y barrabravas eso pudo haber sido una masacre. Las imágenes son tan contundentes como los golpes mismos pero la cosa no termina allí ya que estos badulaques al hacer efectiva una segunda parte de la sanción que implica el pedido de disculpas a la ciudadanía lo hicieron de una manera burlona, irónica, uno con una gorra que le cubría la cara, otro con lentes oscuros y otro menos tapado pero todos con una mueca de ironía y dando a entender que "bolareí la oicova". Cada palabra que se supone debía ser de arrepentimiento era pronunciada con un tono burlón, cínico, como el de los capomafiosos de las películas que se ríen al salir de los tribunales y saludan a los policías y fiscales que ven cómo los bandidos se van libres y tranquilos a sus casas.
Encima, los tres estaban respaldados por quien hoy se auto erige, con el guiño de la dirigencia, en el líder de la detestable barra luqueña, un tal Tote, el de apodo parecido al apellido del badulaque mayor.
¿No corresponde que la justicia ordinaria tome cartas en el asunto?¿No deberían acaso la poicía y el ministerio del Interior defender a sus hombres y querellar a estos tipos?¿Es tan barato, judicialmente hablando, agredir a policías?.
El Código Penal, Art. 234 dispone en su inc. 1° "El que desde una multitud como autor o partícipe realizara conjuntamente con otros hechos violentos contra personas o cosas o influyera sobre una multitud para crear o aumentar la disposición de aquella a realizarlos, será castigado con pena privativa de libertad de hasta cinco años, salvo que el hecho sea sancionado por otro artículo con una pena mayor".
Es una pena que todo quede, que todo se limite a una sanción que, corresponde, sí, desde la búsqueda del órden en las canchas pero que no alcanza para sancionar ante la sociedad a quienes con saña y brutalidad agredieron nada menos que a policías...pero a nadie parece importarle. Mientras tanto, nos ponemos en la piel de los policías agredidos y de sus familiares y nos imaginamos la indignación que habrán sentido al ver a sus agresores riéndose ante las cámaras. ¿La verdad, amigo lector?, estas no fueron disculpas sino una nueva agresión.














