Opinión
Es River Plate, te guste o no
El más ganador en la historia del fútbol argentino, merced a sus 33 títulos locales, está de vuelta.
Al torneo siguiente desde que se produjo su descenso, firmó el retorno ansiado que se efectuó recién en la última fecha del Nacional, además saliendo campeón.
El capítulo más doloroso de su historia, vivido en la Promoción ante Belgrano, es imborrable, indisimulable pero al menos por estas horas y por un tiempo determinado quedará postergado en la memoria y retina.
La alegría actual desplaza cualquier episodio desagradable y éste título sin dudas se festeja. Seguramente quienes se juramentaron no hacerlo tienen sus razones, respetables todas, o quizás no son del club afincado en el barrio de Núñez, ni lo sienten como dicen.
El Millonario ha tenido una racha de 18 años (25 torneos) sin campeonatos oficiales, y por caso otro grande como Racing pasó 34 temporadas sin dar una vuelta olímpica a esfera casera; valgan las comparaciones solamente para establecer que este año que pasó River Plate no es comparable con ninguna de esas sequías.
Sencillamente debido a que esta estadía fue interminable, dolorosa, tediosa y traumática. De las burlas, del vos sos de la B no se salvará jamás, pero así y todo su tarea trasciende a la fortaleza para aguantar todo eso.
Debe seguir puliéndose como entidad, manteniendo coherencia en la conducción y no sólo del rubro fútbol; hasta un compromiso con la educación tiene River siendo uno de los primeros clubes _con instituto propio_ dedicados a la formación integral.
Su proyección es el deporte que tanto amamos; es la razón de ser y motor principal de las felicidades más loables y de los instantes más penosos.
El cuadro rojiblanco inscribió su nombre prestigioso entre los de Primera, un lugar que le sienta más que bien y en el que deberá hacer las cosas mejor para allí mantenerse.
Desde este momento, Boca tiene nuevamente a su adversario de toda la vida con el que _salvo estos dos semestres_ dejó de protagonizar oficialmente el clásico más antagónico del continente sudamericano.
El equipo del Palado Almeyda, de Passarella, de Cavenaghi, de Francescoli, y tantos otros, acomoda todo para que los domingos sean domingos de verdad, entre tantas cosas que con su descenso se dejaron de vivir y/o disfrutar.
La afición del millo ha establecido un hit “en las buenas y malas te vengo a alentar y en las malas, en las malas mucho más”, acaso como una máxima irrefutable e inequívoca que se comprobó en cada partido.
Cuentan, los que saben, que los grandes de verdad son realmente aquellos que se levantan tras caídas estrepitosas. Y hoy pasó eso… para lo que hubiere lugar.














