Opinión
En el fútbol como en la vida, cada uno elige lo que mejor le parece
Antes de entrar en el tema que da título a esta columna permítanos, amigo lector, decir algo que no queremos dejar pasar, que no queremos callar aunque, desde luego, aquellos a quienes va dirigido ni se darán por enterado. Aún así, aunque no sirva para nada lo decimos de la manera más clara posible: lo que decidió el cuerpo médico del Barcelona con Piqué, al hacerlo entrar de nuevo a la cancha después del golpe que se pegó y después de la forma en que quedó fue cuando menos, irresponsable. ¿Vale más una semifinal de Champions que una vida humana?. Nosotros hace tiempo venimos diciendo que los médicos de los clubes trabajan para los directores técnicos y no para cumplir con su sagrada tarea que es la de curar gente. Es más, el tiro casi les sale por la culata porque en la siguiente jugada Drogba casi marcó un gol llevándose a la rastra a un Piqué que ni sabía dónde estaba. Terrible.
Ahora sí, dicho esto, vayamos, más que al análisis, a la sencilla y hermosa comprobación de las mil y una verdades que, así como la vida misma, tiene el fútbol. Mil y una verdades que se sintetizan en una sola: nadie tiene la verdad.
Cuánto se ha dicho acerca de las eliminaciones, una atrás de la otra, del Barcelona y el Real Madrid y es notable, además de ser un delicioso ejercicio de raciocinio, comprobar cómo cada uno de los que defiende una posición, tiene razón toda vez que, justamente, haga uso de ella, de la razón, toda vez que para sustentar su propia postura ponga sobre la mesa de diálogo, de debate, de discusión o polémica ideas, fundamentos y, sin rubor ni pudor, sus propios gustos futboleros.
Que Mourinho que Guardiola, que el Barça que el Real, que Messi que Ronaldo, que el fútbol ofensivo que el juego defensivo, que el lirismo que el pragmatismo. Pocas veces nos hemos deleitado tanto al escuchar a tanta gente, en todos los ámbitos, hablar sobre estos puntos y defender sus propias ideas que, allá en el fondo, no son más que las ideas que uno defiende en el día a día, en la cotidianeidad de la vida misma, en cada cosa que hace.
Si entendiéramos, todos, que de esto se trata la vida, de opinar de acuerdo a nuestras propias creencias y de respetar que otra persona no piense igual sino distinto, todo sería mejor, más lindo, más agradable. Si pudiésemos, en todos los ámbitos, instituir el disenso apasionado y vehemente que sin duda existirá siempre a la hora de defender banderas pero manteniendo el respeto a la libertad de nuestro coyuntural oponente creceríamos todos, como profesionales y, sobre todo, como personas.
Nosotros, para ejercer el derecho a manifestar nuestra opinión lo dejamos bien en claro: aunque estemos dolidos, nos seguimos quedando con el modelo del Barcelona, el que se entrega, el que no se guarda nada, el que no especula, el que ha demostrado que sí se puede ganar apostando al buen juego, al juego sin trampas, al juego ofensivo de verdad, al fútbol que lleva además de la voluntad de ganar la voluntad de gustar, dándole a este maravilloso juego esa dosis tan necesaria de espectáculo que siempre debiera tener. Hoy, en el momento de duras batallas perdidas estamos, como deben estarlo los amigos de verdad, al lado de Guardiola y sus jugadores. Creemos que no, que es un simple paréntesis, pero, si por uno u otro motivo, fuese el fin de un ciclo nos ponemos de pie y decimos: en nombre del fútbol, gracias por todos estos años, Barça.
Y a partir de sentar nuestra posición dejamos abierto el más absoluto respeto para todos aquellos que piensen diferente, Al fin y al cabo, amigo lector, en el fútbol como en la vida, cada uno elige lo que mejor le parece.














