Opinión

| Jueves 02.08.2012

El COI debería tomar lecciones de la FIFA

Por Robert Singer

rsinger@teledeportes.com.py

Alguien debería hacer algo. Alguien debería llamar la atención y encender la luz roja de alarma porque la cosa va mal, y no es de ahora. El espíritu olímpico está cada vez más lejos de trasladarse a la vida real y en cada edición de los juegos la brecha entre los ricos y pobres aumenta lo cual indica que algo está mal y que a un altísimo porcentaje de países, colectivamente, y de atletas, individuamente, solamente les queda consolarse con lo que desde un pensamiento idealista había dicho el barón Pierre de Coubertin (aunque hay gente que afirma que no fue él quien dijo estas palabras): "Lo importante es competir".

Y está bien, estamos de acuerdo, competir es importante, claro. El solo hecho de ir a los Juegos, de estar allí, de desfilar como representante de un país ya debe ser motivo de orgullo y satisfacción para cualquier atleta. Es, el solo hecho de estar, algo inigualable y esto es extensivo para todo aquel ligado al deporte que haya tenido la oportunidad de estar en unos juegos así sea  en carácter de dirigente, voluntario o periodista.

Justamente por haber tenido este privilegio y por haber sentido de cerca, por haberlo comprobado "in situ" es que insistimos en que si nadie hace algo si no se trabaja de otra manera desde el Comité Olímpico Internacional (COI) el medallero olímpico será cada vez más elitista llegando casi al grado de vergonzoso. El medallero, hoy, hace que los ricos y poderosos miren con aire sobrador a quienes comparten una piscina o una pista de atletismo pero aunque estén lado a lado, apenas a un andarivel de distancia, lo cierto es que están a años luz de diferencia.

Hay muchas cosas que no compartimos con el COI, siempre desde el punto de vista del espíritu olímpico. Por ejemplo, no nos gustó cuando estuvimos en Barcelona '92 que por darle a los juegos un mayor realce, por contar con las mejores figuras de cada deporte se permitió a equipos como el Dream Team (Equipo de los sueños) de básquetbol de los Estados Unidos y a otras estrellas de deportes individuales estar en hoteles de 5 o 6 estrellas mientras los demás atletas y equipos vivían en la villa olímpica lo cual debería ser el sueño de cualquier deportista.

En lo que corresponde a nuestro país no podemos sino lamentar el nivel que hoy tenemos con una aclaración: no nos asusta el cómo estamos hoy sino el que en tantos años no hayamos avanzado ni un solo paso y he allí que hacemos hincapié entre la manera de actuar del COI y el de la FIFA. En los juegos olímpicos la brecha se ha agrandado entre los ricos y pobres mientras que en el fútbol hoy a cada potencia mundial se le hace cuesta arriba cada partido y una potencia europea sufre al enfrentarse a un equipo como Paraguay o a una selección africana y no solamente sufre sino que bien puede empatar o perder. Por esto es que nos hemos permitido acuñar una definición que señala que: "La billetera no entra a la cancha y la chequera no gana partidos". En el fútbol, sin duda el más democrático de los deportes, cualquiera le puede ganar a cualquiera, aunque sea una vez en la vida como ocurrió, por ejemplo, cuando el humilde 12 de Octubre de Itauguá le ganó al súper rico y poderoso Gremio de Porto Alegre en un partido de la Libertadores. Es más, tuvo que ser el fútbol el que llevara a Paraguay a un podio olímpico consiguiendo la medalla de plata en Atenas, después de eliminar a Italia, entre otros rivales.

La FIFA, de la mano de Joao Havelange, primero y Joseph Blatter, después, ha puesto la lupa sobre los países del Tercer Mundo y han ayudado, de verdad, a que el fútbol se empareje no para abajo, hacia la mediocridad, sino para arriba hacia la excelencia. La FIFA promueve -y financia o ayuda a financiar- proyectos que forman jóvenes jugadores, construye estadios, centros de entrenamiento, capacita árbitros, dirigentes, entrenadores, etcétera y la suma de todo esto, a lo que debe agregarse la esencia misma del juego en sí, hace que en los mundiales pueda haber favoritos pero que todo debe resolverse en la cancha. Entran dos equipos a competir y no uno a mirar, impotente, lo que el otro haga. Nosotros tuvimos nuestra pista de tartán, para atletismo, cuando ya todos los países la estaban dejando de lado para pasar a otros materiales, seguimos, en el año 2012, sin una piscina de 50 metros y recién el año pasado inauguramos un velódromo.

Los mundiales de fútbol cada vez concitan mayor interés y atracción. Los Juegos Olímpicos más allá de las fastuosas inauguraciones van siendo casi aburridos y con ganadores casi cantados por todo lo dicho líneas arriba. Repetimos, alguien debería hacer algo. De nuestra parte lo único que nos ocurre es que el COI debería tomar lecciones de la FIFA.

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