Opinión
"Cambia, nada cambia"
"Cambia, todo cambia", cantaban y cantan tantos cantores latinoamericanos poniéndole alma, corazón y vida a la poesía del chileno Julio Numhauser, las más de las veces clamando por un cambio profundo en el manejo de las libertades tantas veces cercenadas en esta parte del planeta. En una época por demás difícil de nuestro país fue el grupo Gente en Camino el que recorrió los militarmente custodiados escenarios del territorio llevando este canto que, como en cada país que pasó por lo mismo, se convirtió en un verdadero himno.
Cuando se dan cambios la esperanza se renueva independientemente de cuestiones políticas en las que no nos meteremos, no porque no tengamos nuestra propia opinión sino porque de lo que vamos a hablar no es una cuestión que tenga que ver con política partidaria ni con ideologías sino con el patriotismo y la ciudadanía. Cuando estos dos últimos requisitos no existen de nada vale la izquierda o la derecha, los azules o los rojos, los de aquí o los de allá.
Cambiar para que nada cambie, cambiar para que todo siga igual es triste y por lo general este tipo de seudo cambios solamente contribuyen a generar un estado de desilusión y pesimismo. Y eso es lo que comienza a sucedernos, mucho más rápidamente de lo que podríamos haber imaginado, al ver que en el plano que nos incumbe, en el ámbito futbolero, las cosas se siguen manejando con la misma irresponsabilidad e ineptitud que rayan en la complicidad.
En cancha de Luqueño, en oportunidad del partido del local ante Sol de América un cuchillo fue arrojado al campo de juego y el mismo se clavó cerca del jugador solense Sergio Escalante. Esto fue sin dudas lo más grave de todo lo que ocurrió en ese partido con el detestable y repetido protagonismo de una barra brava llena de delincuentes, borrachos, drogadictos y asesinos -¿o de qué forma se le llama a un tipo que lanza un cuchillo a una cancha llena de jugadores?-. Es más, amigo lector, le proponemos incluso dejar de lado nada menos que lo del cuchillo, ¿OK?, eso no quita para nada todo lo que ha sido siempre y sigue siendo esa barra similar en su estupidez, demencia y peligrosidad a las de Olimpia y Cerro y, sin embargo, las autoridades del tribunal de justicia deportiva, la Policía y la fiscalía -ya sin la nefasta presencia de Blas Imas pero con la misma actitud institucional- siguen poniendo a la carreta delante de los bueyes, siguen haciendo las cosas al revés y sancionan al estadio Feliciano Cáceres en lugar de no solamente sancionar deportivamente sino penalmente a estos delincuentes. Ja!, el estadio permanecerá cerrado pero los delincuentes tienen permiso y libertad para recorrer el país y llevar toda su violencia criminal al lugar que sea designado para que Luqueño haga de local.¿Qué culpa tiene el estadio?¿Qué culpa tienen los cuchillos, las pistolas y los revólveres confiscados a cerristas y olimpistas?¿Por qué no se detiene a los delincuentes y asesinos?¿Por qué no se cumple con la Ley 1866/02?.
Estos que actúan -o dejan de actuar- así son los mismos genios que creen que la gran solución a la violencia es hacer jugar un clásico en horas de la mañana. Buscan una y otra manera de no hacer lo único que deben hacer: erradicar a la violencia o, al menos, erradicar a los violentos. Como triste ejemplo digamos que días atrás un grupo de patoteros cerristas fue demorado en una comisaría vaya uno a saber para qué porque evidentemente ni revisados fueron porque lo primero que hizo uno de los pendejos al salir de la comisaría fue mostrar ante las cámaras de televisión una "petaca" de caña que los policías no llegaron a encontrarle (en el supuesto caso que hayan querido hacerlo).
Así vamos, amigo lector. Por estos pagos y en lo que hace a la violencia en las canchas, la del amigo Numhauser sigue siendo una hermosa poesía hecha canción, pero nada más.
Lamentablemente aquí "cambia, nada cambia".














