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Opinion

Jueves, 16 de Febrero de 2012

Nos sobran goleadores, nos faltan asistentes

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Por Robert Singer

rsinger@teledeportes.com.py

Tacuara, Roque, Haedo, Barrios, Santander, Ortigoza, Ramírez, Bareiro, Caballero, Zeballos, Beltrán, Salcedo, Gamarra, Benítez, Prono, Pérez, Bogado sin contar a dos mitaí que a sus 17 o 18 años ya son realidad como Maurito y Correa.

Esta, amigo lector, es una lista de goleadores que están hoy a disposición de Francisco Arce. Son delanteros de raza, de distintas características, algunos centrodelanteros natos, de esos que viven en el área, otros que van por afuera, que desbordan, unos que van mejor que otros de cabeza, otros que también se asocian al juego colectivo pero todos, todos con un objetivo final: el gol.

Sí, nos sobran delanteros. Pero, entonces, ¿por qué le cuesta tanto hacer goles a la selección? La respuesta, para nosotros, es que así como nos sobran delanteros capaces de definir cuando tienen la menor oportunidad nos falta ese jugador tan importante en el engranaje de un equipo que es el que se encarga de hacer jugar a estos tremendos atacantes. Ese al que llaman asistidor (aunque dicha palabra no figure en el diccionario), ese asistente que alimente a quienes juegan delante de él. Ese sigue siendo el gran déficit de la albirroja a la que Chiqui se empeña en darle otra fisonomía pero que tropieza, justamente, con la falta del hombre que le dé ese toque de fantasía, esa jugada distinta, ese pase-gol. Y lo más triste es que así como aquellos nombres de delanteros salieron casi a ritmo de ametralladora y lo mismo ocurriría con los muy buenos volantes de contención, a la hora de intentar algo similar con volantes de creación nos sobran los dedos de una mano.

En Libertad no hay, en Olimpia los creadores de fútbol son un colombiano y un uruguayo, en Nacional los volantes son multi uso, en Guaraní no hay y llegamos a Cerro en donde sigue jugando uno de los últimos jugadores con esas características como lo es Julio Dos Santos a quien se suma un jugador que alguna vez tendrá que tener su chance como lo es Fabbro. Después habría que pensar en ese sabio del fútbol que es César Cáceres y...y nadie más. No hay. Los técnicos se han encargado de matar la fantasía, de hacer que los talentosos corran en vez de buscar que los que corren jueguen y así tenemos hoy una total orfandad a la hora de encontrar jugadores con visión de juego, con panorama, capaces de poner la pelota najo la suela cuando así convenga o de tocar corto o de cambiar de frente o de dejar a un compañero cara a cara con el gol.

Perdón, dijimos que no hay más pero permítanos citar a alguien a quien no conocíamos. Se llama Leonardo Delvalle, juega en el Cerro de Franco y fue un placer verlo jugar ante Olimpia sacando de la galera todo el repertorio de los antiguos números 10 (número que él usa), echando por tierra la teoría de quienes dicen que ese tipo de jugadores ya no sirven para el fútbol moderno. El fútbol no es moderno ni antiguo, simplemente se lo juega bien o mal. Hoy, estamos llenos de atletas pero faltan jugadores. Y eso se nota en la selección en la que nos sobran goleadores pero nos faltan asistentes.

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