Cerro Porteño ganó su primer partido en el Clau, en el lance que encaró en la Olla ante un Sol de América que si bien tuvo lo suyo, apeló a lo que hay en el banco de suplentes un poco tarde, un poco-muy tarde.
La propuesta de Javier Torrente siempre fue clara, como siempre. Pese a las intenciones manifestadas y basamentadas con argumentos ofensivos variados, al Ciclón le costó. El Danzarín hizo del encierro y las coberturas oportunas todo un arte, y a nivel de ataque apeló a contras y remates de larga distancia.
Pablo Zeballos, en esa primera fracción, dispuso de una situación perfecta. Al definir, hecho que lo realizó de buena manera, su remate se perdió cerquita del palo derecho de Rojas.
El ritmo del encuentro fue intenso y tuvo como característica distintiva la prolijidad que evidenció el local en su afán de llegar a sitios determinantes del adversario. Después que hayan salido o no, es otra cosa, pero el mérito azulgrana fue no bajó los brazos, no optó por el qué hacer, sino que hizo lo que debía.
En el segundo período la historia no cambió en demasía ya que Sol cada vez que pudo acarreó considerable peligro. En algunas situaciones llegó producto de errores adversarios. Pero más que eso, casi nada.
A los 8', sobre el costado izquierdo, Diego Arévalos fue a perder un balón que llegó al área chica en forma de centro. Allí, tres integrantes de la retaguardia visitante, confundidos entre sí, no hicieron nada, salvo molestarse, por eso la Jabulani le quedó a Nanni, quien no perdonó y sacó provecho a la virtud posicional de todo delantero astuto. Gol, a cobrar y a otro partido.
A otro ya que en su tímido afán por revertir la situación, los de Solalinde dejaron espacios. Por tal motivo, el segundo parecía ser cuestión de tiempo. Coqueteó Cerro con otro gol y hacia el arco de Barreto hubo noticias. Cuando el entrenador le metió mano al equipo y empezaron a salir todos los que allí estaban teniendo frío, se vio lo mejor solense, con Josías molestando por lo menos.
Luego de una subida de Cristaldo, hacia el córner, el esférico le quedó a Jorge Núñez a la entrada del área. El mediocampista se lució, gambeteó a uno, se acomodó para la zurda y sin dudar le pegó. Al ratito, ya estaba festejando esa acción. Golazo, 2-0 y nada más para decir.
Cerro, ante su gente y en su estadio, mostró todos los dientes por primera vez en el certamen, y la actuación sirvió para que todos sean aplaudidos. Sobre todo un ídolo, como Mingo Salcedo, quien jugó un rato y va tomando forma exhibiendo la casaca que mejor le va.