A Cerro Porteño, nada luego le resulta sencillo. Y en esta expedición a Montevideo no se dio la excepción. Le costó Racing, lo sufrió a Racing, desde el mismo comienzo del partido. Al azulgrana, lo que pudo planificar no le resultó para nada. Ni tuvo la pelota, ni hirió de contra, y a la hora de la contención _acaso su materia pendiente como la labor en zaga_ quedó casi siempre pagando.
Sobre el césped del Centenario no hubo dinámica. Los de Peter Troglio, en el traslado del balón fueron más lentos que el rival y en los rebotes, en las pelotas divididas, los de blanco y verde fueron más vivos, rápidos. Primerearon en la mayor parte de las intervenciones.
De cualquier manera Cerro no se quedó atrás. No es su estilo. Básicamente, y de cierta forma, sus problemas de ajustes también pasan por lo defensivo. No fue esa su propuesta. Simplemente que se entiende, a modo de ver, que le resultó arto complicado asentarse. Es como que no terminó de tomarle el pulso al partido. Y en ese contexto, el trámite se le presentó favorable al local. No precisamente porque haya sido un aluvión, sino que debido a que sabía que en algún momento, de ciertos espacios o acciones determinadas, podía sacar ventaja.
El gol inicial llegó por intermedio de Matías Mirabaje, la figura más destacada de Racing, no así del luego. Fue un tiro libre desde la derecha, que en vez de llegar en forma de centro se jugó corta, para que el habilidoso futbolista rematara al palo derecho de un Diego Barreto que intentó mandarla al córner pero que llegó tarde. Gol a los 18 minutos de partido.
Cerro tuvo algunas merced a la inventiva de César Ramírez más que nada, en un par de ocasiones gracias a aproximaciones de Recalde, pero más que eso no.
Barreto, enseguida y con resultado desfavorable, se erigió en el valor de mayor trascendencia del compromiso. Pareció siempre estar más atento que todos.
Con Julio dos Santos de entrada, a partir del segundo acto, se aguardó ver otro Cerro. De a ratitos, sobre todo cuando estuvo bien fresco, aparecieron flashes, que quedaron allí.
Lo interesante pasó por otros lares, los del Tigre con su pique corto, desborde y todo lo que se conoce de su actuar. Sin embargo, a nivel de noticias desequilibrantes, en el otro arco hubo ruido. Un centro casi perdido por línea final lograron sacarlo, enviándolo al segundo palo. Allí, de manera infructuosa, Barreto salió y quedó a los pies del adversario, una vez que éste ya capitalizó la situación, acaso de rebote, en todo sentido de la expresión. El autor fue Cauterrucchio, y el tiempo a los 24'.
Ereros y más gente de refresco intentaron la patriada. Cerro, con un cabezazo de Zeballos, también hizo que los presentes aplaudieran al Loco Contreras. Con mucho corazón y casi nada de orden, el crédito paraguayo avanzó y en una de esas llegó al descuento por conducto de Lucho Cáceres. Le restaban 4' al lance y hacía 6' que los de barrio Obrero estaban en inferioridad. Por una entrada vehemente, a destiempo, muy cierto, de Javi Villarreal, el árbitro decidió expulsarlo. Para gusto personal, muy grande quedó la tarjeta. La amarilla se ajustaba mayormente al rigor de la intervención, pero bueno, lo hecho siempre es algo consumado.
Así como Cerro. Hizo poco, esta vez, y vuelve con las manos vacías. Si bien corren dos fechas en esta serie, lo también cierto es que de a tres, el Ciclón no sumó. Espera hacerlo este mes, concretamente el miércoles 17, recibiendo a Corinhians, el equipo de Ronaldo que este miércoles visita al DIM.